¿Se puede vivir sin coche?

Tener coche era un ¡vampiro de euros!

Como inversores, y por simplificar mucho, tenemos que vigilar cuánto ganamos, pero también cuánto gastamos. De nada sirve ganar miles de euros al mes si nuestro estilo de vida o nuestros hábitos de consumo o de gasto se llevan buena parte, o casi todo, de eso.

Si no llevamos cuidado con el dinero que sale de nuestro bolsillo es muy fácil que acabemos atrapados en nuestra querida pero odiada carrera de la rata, a la que tanto me gusta mencionar. Vamos a ver si es posible vivir sin coche en Madrid.

A la hora de abordar mis inversiones, me gusta pensar en mí mismo como en una empresa. Tengo mis gastos y mis ingresos. Hago inversiones, recibo una rentabilidad y también quiero vigilar muy de cerca cuánto ahorro.

Todos los años trazo un plan de viabilidad y una estrategia de inversión. Esto suelo hacerlo entre agosto y noviembre. Tengo en cuenta mis inversiones actuales, la rentabilidad que he obtenido y, si es necesario, busco nuevas opciones de inversión a mi alcance. Pero hay una cosa, por encima de todas las demás, que me gusta tener bajo control. Y no es otra cosa que los gastos.

 

A la hora de construir nuestro patrimonio, es importantísimo mantener nuestros gastos bajo control

 

Pues bien. Hace ya casi cinco años me propuse tener una visión muy clara de cuánto gastaba al mes y en qué. Me dio la impresión de que en esta lista iban a aparecer los sospechosos habituales: libros, cine, ropa, viajes, y los gastos relacionados con la casa.

Es cierto que todo esto estaba y alguna cosilla más. Pero a poco que eché cuentas y empecé a sumar, me di cuenta de que tenía un vampiro viviendo conmigo que, silenciosamente, se iba llevando una gran parte de mi dinero todos los meses. Me estoy refiriendo… ¡sí, al coche!

 

Mis antecedentes con los coches

Cuando tenía 17 o 18 años, una de las cosas más valiosas que podías tener era un coche. No solo porque molaba mucho y te hacía parecer muy guay, sino porque te permitía tener una libertad con la que antes solo habías soñado. Irte con los amigos de acampada, hacer un viaje cuando te diera la gana y recoger a tu novia delante de las miradas de envidia de tus amigos.

Como además aun no tenía ingresos, mi padre pagaba los pocos gastos que tenía el Renault 5 que heredé de mi hermana, que eran un seguro muy pequeñito y la poca gasolina que gastaba. Algún arreglillo de vez en cuando y eso era todo para tener coche y fliparlo cada día.

Más tarde, cuando empecé a trabajar y a ganar (no mucho) dinero, una de las primeras cosas que hice, aparte de comprarme mi primer Mac, fue comprarme un coche.

Como además seguía viviendo en casa de mis padres, me parecía que tenía dinero infinito para gastar en todo lo que quisiera. Y durante los siguientes diez años es cierto que la cantidad que me iba a gastar en coches se acercaba mucho a eso, a infinito.

Calculo que, desde marzo de 2005 hasta enero de 2015, me gasté más de 35.000 euros en coches. ¡Sólo en comprarlos! Es decir, en pagarlos en el concesionario, sin tener en cuenta ningún gasto más.

Porque además tenían que ser nuevecitos. Nada de segunda mano, ni kilómetro cero. Pedidos por encargo en el concesionario con todos los extras que se me pasaran por la cabeza.

 

Cualquier cosa con motor

La verdad es que siempre me han gustado los coches. Desde pequeñito me ha fascinado cualquier cosa que tuviera motor y ruedas. Las motos también me gustan mucho. Pero los coches se han llevado la palma siempre.

Me gustan desde todos los puntos de vista. Algunos son preciosos como objetos en sí. Son máquinas increíbles desde el punto de vista de la ingeniería y la mecánica que los impulsa. Y por encima de todo, creo que competir con ellos es una de las cosas más apasionantes y divertidas de las que se puede disfrutar en la vida.

 

Competir con coches de radio control fue mi gran pasión en la adolescencia

 

Desde que tengo uso de razón he visto carreras por la tele y en los circuitos. Las 24 horas de Le Mans, el rally Dakkar, la Pike’s Peak, la Baja California, el Campeonato del Mundo de Rallies, el DTM, Fórmula 1, Fórmulas Nissan y Renault, carreras de dragsters, Isla de Man (aunque esta es de motos) y, más recientemente, el Campeonato australiano de Stadium Truck. Estas son solo algunas de las competiciones que he seguido desde que era niño.

Lo mío con los coches siempre ha sido algo muy especial. Como nunca tuve la oportunidad de competir con los de verdad, a los 11 o 12 años junté tres de mis grandes pasiones: el modelismo, el radio control y los coches.

Y esto dio como resultado la competición con coches de radio control. Probé y conduje casi todos los tipos de coches que había. Desde los más sencillos 1:16 eléctricos de tracción trasera hasta los 1:6 con motor de explosión y tracción total.

Competí durante muchos años con coches 1:10 eléctricos, participando en un montón de carreras y campeonatos. En casa de mis padres todavía tengo todas las copas, medallas y trofeos que gané.

También en mi casa tengo una vitrina reservada a todos los coches de colección de todo tipo que he ido reuniendo a lo largo de mi vida.

Como veis, mi relación con los coches, el motor y las carreras viene desde que era un niño. Así que no es de extrañar que, siendo ya un adulto, siguiera con esta fiebre.

 

El día a día en una gran ciudad

Para mí el gran cambio fue quedarme a vivir en Madrid definitivamente. Había estado haciendo commuting desde febrero de 2013. ¿Y qué es esto del commuting, diréis? A los que viváis en ciudades pequeñas o pueblos seguro que no os afecta.

Pero cuando vives en una ciudad de varios millones de habitantes, esto es algo más común. Consiste en trabajar en la ciudad, pero vivir fuera de ella. Vienes al centro cada día, trabajas y luego vuelves a casa. Muchas veces a decenas de kilómetros de distancia. Y esto te lleva mucho, mucho tiempo.

El caso es que decidí que esto era una pérdida de tiempo y de dinero. Tuve la suerte de encontrar un apartamento chulísimo en el centro, justo enfrente del Parque de Santander, por un precio más que razonable. Y a menos de 20 minutos andando de mi trabajo. Esto es un verdadero lujo en una ciudad como Madrid, creedme.

 

Tardar hora y media en llegar al trabajo es una locura, pero para mucha gente en Madrid es el pan de cada día

 

Hacía ya algún tiempo que me había dado cuenta de todo el dinero que gastaba en coches y su mantenimiento. Pero sinceramente, creo que tenía cierta dependencia del coche. Entonces fue cuando empecé a valorar la posibilidad de vivir sin coche en Madrid.

Moverse en coche por Madrid es una locura. Pero el verdadero problema es el aparcamiento. No es que se tarde demasiado en llegar a los sitios, sino que una vez allí no hay manera humana (ni barata) de aparcarlo.

Durante un tiempo alquilé una plaza de garaje por la que pagaba 100 euros mensuales. No es un mal precio para el centro de Madrid. Pero era otro gasto más a añadir y la cuenta ya era más que abultada.

Sin embargo, me di cuenta de que moverse por Madrid sin coche era no solo posible, sino además una gozada. Siempre he sido muy andarín. La sensación de libertad que me da poder usar mis piernas para desplazarme es insuperable.

Siempre que puedo voy andando a todas partes. Y lo cierto es que puedo casi siempre. No importa si estoy en Madrid, en Londres o en Nueva York. Caminar siempre, siempre es la primera y mejor opción para mí.

Además, el hecho de vivir en el centro hace que tenga a mano todo lo que necesito. Cines, librerías, teatros, tiendas de comics, supermercados, panaderías, restaurantes y bares. Todos ellos los tengo a minutos de casa. No tengo ninguna necesidad de transporte para casi todo lo que hago en el día a día. Incluso ir al Retiro andando o en bici es algo que me encanta hacer, sobre todo en invierno.

Así que día a día me fui dando cuenta de que el coche era algo innecesario. No solo eso, sino que era una carga física y económica con la que no quería seguir cargando. Me di cuenta de que era perfectamente posible vivir sin coche en Madrid.

También me ayudó el hecho de conocer a una persona muy especial, que vivía aquí y que no tenía coche. Por su nivel de ingresos y su clase social, lo normal es que esta persona tuviera no solo uno, sino varios coches de lujo. Sin embargo, iba andando, en metro o en taxi a todas partes. Y si él podía vivir sin coche en Madrid, ¿por qué no yo?

 

La gran revelación

Ya he mencionado antes que tener coche era una carga económica con la que no quería seguir cargando. Visto que podía plantearme vivir sin él, empecé a preguntarme cuánto me costaba realmente tener coche.

Solemos auto-engañarnos de manera descarada cuando se trata de poner en entredicho los pilares básicos de nuestra vida. No somos objetivos, porque además nos cuesta aceptar que algunas de nuestras creencias más profundas están equivocadas.

Esto es lo que me pasó con mi coche a la hora de valorar su verdadero coste.

Aparte de hacer unos cuantos cálculos a bote pronto, encontré una herramienta online que me hizo abrir los ojos de verdad y descubrir el pastizal que se me iba cada mes en el coche.

Hay un montón de estas herramientas, pero mi favorita es esta.

Le dediqué 10 minutos a rellenar todos los campos que me pedía y el resultado final fue sorprendente. Aquí podéis ver una simulación del cálculo que hice en su día, con los mismos gastos y precios que recuerdo de esa época.

Coste mensual de tener coche

Este era mi coste mensual de tener coche propio. ¡Una mini hipoteca! 

 

La realidad, la gran revelación, fue descubrir que se me iban casi 500 euros al mes en el coche. ¡500 eurazos! ¿Estamos locos? Analizando los datos que podéis ver aquí, hay un número que me llamó poderosísimamente la atención: la depreciación del vehículo. Y es que esto es algo que no solemos tener en cuenta y que, en realidad, es el gran desagüe por el que se va el valor de nuestro coche.

Lo cierto es que, por muy bueno y caro que sea nuestro coche, se devalúa. Y lo hace a un ritmo alarmante. Por poneros un ejemplo, estadísticamente, el coche promedio pierde alrededor de un 50% de su valor en tan solo 5 años desde que lo compramos, si es nuevo. Y después de 10 años, ha perdido entre un 70 y un 90% de su precio original. Si no lo creéis, haced la prueba.

Haced los cálculos con vuestro propio coche. O como yo hice, pensad en un coche que os gustaría comprar de segunda mano, investigad cuánto cuestan y cuánto costaban cuando eran nuevos. Esto es algo que he comprobado hace muy poco.

 

Para mí, no tiene ningún sentido gastar dinero en algo que a los 10 o 12 años ha perdido casi todo su valor

 

Al tener un hijo y otras necesidades nuevas, he valorado comprar un coche de segunda mano, aunque no creo que realmente lo necesite. Los modelos de BMW serie 5 y Volvo S80 que querría comprar, con unos 10 años de antigüedad, se venden por entre 7.000 y 10.000 euros. Y son modelos que nuevos costaban ¡por encima de 40.000 euros!

Estaba claro que no quería seguir teniendo coche. Pagar ese dinero por algo que usas muy pocos días al mes y se pasa casi todo el tiempo en un garaje cogiendo polvo, es algo que no tenía sentido para mí.

 

Tomando la decisión final

Definitivamente, en enero de 2015, puse mi coche a la venta. Solo tardé un par de semanas en venderlo. Siempre he sido muy cuidadoso con los coches que he tenido. El estado general, tanto estético como mecánico, era más que sobresaliente. Viéndolo y conduciéndolo, nadie diría que tenía 7 años y 130.000 km.

Tengo que decir que, desde el primer momento, sentí un gran alivio por desprenderme del coche. No solo por el enorme ahorro en dinero que me suponía, sino también por la sensación de libertad. Ya no tenía que preocuparme por dónde lo aparcaba, si le habían hecho algún rasguño, llevarlo a revisión, echarle gasolina, cambiarle los neumáticos (que costaban casi 300 euros la pareja), limpiarlo, etc.

Hoy en día sigo sin echarlo de menos. Y cada vez que pienso en que quizá ahora necesitemos un coche en la familia, como os decía antes, tardo menos de 5 minutos en darme cuenta de que no lo necesitamos en absoluto.

 

Vivir sin coche en Madrid

Mi día a día es muy sencillo. No necesito desplazarme porque tengo todo lo que necesito y puedo vivir sin coche en Madrid. Tengo 4 o 5 panaderías con el mejor pan artesano de toda la ciudad a menos de 5 minutos andando desde casa. Cafeterías con cafés súper premium, nada de franquicias, casi en la puerta de casa.

Algunos de los restaurantes a los que suelo ir, como Perrachica, Bibo o Sushita, casi se ven desde casa. Y podría seguir con cosas como cines en versión original, un montón de tiendas de comics, los sitios molones de Malasaña. Parques, plazas, jardines tranquilos, etc.

Pero, ¿qué pasa cuando tengo que ir más lejos? Pues en general, como suelo tener tiempo de sobra para ir caminando, es lo que suelo hacer. Y es que me encanta caminar, descubrir sitios y calles que no conocía.

Aún así, hay ocasiones en las que necesito llegar más rápido. O como ahora, en pleno verano con más de 35 grados, que no me apetece hacerme a la brasa como si fuera un Whopper.

En estos casos, tengo el metro o el autobús literalmente en la puerta de casa. Si quiero ir más cómodo sin pagar demasiado, echo mano de Cabify de vez en cuando.

 

Vivir sin coche en una gran ciudad como Madrid no solo es posible, sino que es un lujo y una auténtica gozada

 

Otras veces me apetece conducir y tener más flexibilidad de tiempo. Entonces pillo coches compartidos. Mi favorito es Respiro. Han renovado su flota con coches movidos por GLP, así que también puedo entrar en Madrid Central sin problema.

También está Ubeeqo, con unas tarifas casi idénticas y unos Audi A1 muy chulos entre su flota. Además, están todas las otras plataformas como Car2Go, Zity, Emov o Wible, de la que hablé en este artículo.

O más recientemente Drivy, que ofrece alquiler de coches por horas o días entre particulares.

Por si fuera poco, sigo teniendo los coches de alquiler de toda la vida como Avis o Hertz, que salen fenomenal de precio para un fin de semana. Para los viajes más largos tengo el AVE en Atocha a 20 minutos en metro. O en Chamartín a la misma distancia.

Y si ya hablamos de salir de España, entonces tengo Barajas a menos de 20 minutos en Cabify por unos 22 euros. O unos 40 minutos en metro, si no me importa el tiempo extra, por solo 4.20 euros.

 

En conclusión

A día de hoy, todas estas opciones de transporte, en conjunto, y teniendo en cuenta a toda la familia, nos cuestan menos de 200 euros al mes. Comparado con los casi 500 euros de tener coche propio, me parece un coste ridículo.

No solo es que sea más barato, sino que me resulta mucho más cómodo y tranquilo. Si además le sumo el tiempo ahorrado en atascos y dar vueltas para encontrar aparcamiento, junto con el precio de aparcar.

O el dolor de cabeza de averías, revisiones, impuestos, roces y pequeños golpes ocasionales. Y sin olvidar los cabreos y malos modales de otros conductores. Entonces estoy seguro de haber tomado una de las mejores decisiones de mi vida.

 

El ejemplo para nuestros hijos y las generaciones futuras es de un valor incalculable

 

Más de 4 años después, no echo de menos en absoluto tener coche propio. He comprobado que se puede vivir sin coche en Madrid. Además de haberme ahorrado casi 20.000 eurazos desde entonces, he adoptado una forma de vida que va con mi personalidad y mis aficiones.

Me mantengo en forma y activo, incluso sin tener que ir a un gimnasio. Ir andando a todas partes me permite descubrir un montón de edificios preciosos y lugares ocultos, que en Madrid hay a cascoporro. Además, el ejemplo que le damos a nuestro hijo no tiene precio. Es muy activo, le encanta caminar, jugar y correr y odia que lo subamos al carrito. Ya casi no lo usamos.

Esto es algo de un valor incalculable para la salud de los niños, además de hacerlos más independientes, autosuficientes y aumentar su confianza en sí mismos y su autonomía.

No pretendo convencer a nadie de que abandone el coche a cualquier precio. La realidad de cada persona es muy diferente y seguro que para muchos de vosotros el coche es imprescindible en vuestro día a día, ya sea por trabajo o por otra razón.

Lo que quiero transmitir con este artículo es la idea de que incluso las cosas que damos por sentadas y que pensamos que son inamovibles, pueden ser cuestionadas y transformadas.

Aplicando esta misma visión (que yo he representado aquí con mi decisión de vivir sin coche en Madrid) a mi actividad como inversor, puedo obtener nuevos enfoques y puntos de vista que nunca había tenido en cuenta.

Como digo siempre, hay que investigar, replantearse lo que creemos intocable y valorar los pros y contras de nuestras alternativas. Así tendremos la suficiente información como para tomar las decisiones correctas.

Me encantaría conocer vuestra opinión sobre todo esto. No sé si sois pro coche o preferís caminar y explorar. Seguro que todos tenéis una historia súper interesante. Dejad vuestros comentarios y… ¡Nos leemos!

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