El proletariado del siglo XXI

Desde hace algún tiempo he observado cómo ha aparecido una nueva clase social. No es que sea nueva exactamente porque antes no existiera. Es solo que más bien ha cambiado y ahora no se parece en nada a lo que siempre hemos pensado que era. Los trabajadores proletarios han sido, históricamente, la parte mayoritaria de la clase trabajadora.

Probablemente, lo primero que nos venga a la cabeza al pensar en el proletariado es una masa enorme de gente vestida con monos de trabajo entrando o saliendo de una fábrica enorme. En la mayoría de los casos esto ya no es así, por supuesto. Las condiciones de vida han mejorado muchísimo. Pero no puedo evitar pensar que, en cierto modo, la esencia de lo que define a ese grupo enorme de trabajadores no ha cambiado mucho.

 

¿Eres uno de ellos?

El nuevo proletariado lleva un iPhone en el bolsillo, un portátil en la mochila y un café de Starbucks en la mano. Ahora, en lugar de forjar planchas de acero o extraer mineral de las entrañas de la tierra, teclean código y examinan estadísticas de coste por click. Es fácil identificar a este nuevo proletariado. Acuden en masa a sus centros de trabajo, ahora convertidos en elegantes y minimalistas edificios de oficinas y espacios de coworking. Llegan temprano por la mañana. Van cargados con sus diminutas merenderas porque el precio de la vivienda en el centro de las grandes ciudades no les permite vivir cerca del trabajo y, por tanto, comer en casa.

No es difícil verlos vapearen las aceras, frente a la entrada de las oficinas, incluso a las siete o las ocho de la tarde, después de haber llegado allí a las nueve de la mañana o incluso antes. Todos muestran orgullosos sus identificaciones y lanyardscolgando del cuello, para poder fichar a la entrada y salida del trabajo. Algunos de ellos, solo unos pocos, cobran sueldos decentes. Otros, la mayoría, se conforman con alcanzar el mito del mileurismo o superarlo ligeramente. Otros muchos trabajan en prestigiosas agencias de publicidad a cambio de un sueldo que consiste en un metrobús y un poco de experiencia que añadir a su perfil de Linkedin.

El sistema educativo también se está adaptando a esta nueva forma de producción. En lugar de fomentar el pensamiento crítico y la autonomía, los colegios e institutos colocan un iPad delante de los niños, con la esperanza de prepararlos para alcanzar un prometedor futuro tecnológico. Doscientos años después seguimos formando trabajadores obedientes y mano de obra para ser arrojados al tejido productivo.

 

¿Entonces?

Puede que en el fondo no hayamos cambiado tanto. Sí, ahora olemos mejor y tenemos mucha más ropa que nuestros abuelos. Podemos viajar en avión a casi cualquier rincón del planeta. Y, afortunadamente, no tenemos que poner en peligro nuestra salud en una mina de carbón. Pero para todos aquellos atrapados en la rueda de hámster que supone trabajar, ganar dinero, gastar. Comprar a crédito porque el sueldo no da para más. Tener que trabajar más y tener que conseguir más dinero para seguir pagando los plazos de la nueva tele de cincuenta pulgadas, el viaje a Indonesia y el nuevo Macbook. Para todos ellos, casi todo sigue igual.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Conocéis algún ejemplo de esta nueva forma de proletariado? Dejad vuestros comentarios, seguro que no tienen desperdicio. ¡Nos leemos!

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