El petróleo ya no es lo que era

Haber sido accionista de Halliburton me hizo darme cuenta de que la industria pesada es uno de los sectores que más esfuerzos tiene que hacer para seguir creando valor y riqueza. Los avances científicos están transformado la industria. No solo en los sectores tradicionalmente percibidos como intensivos en tecnología, sino que también afecta a sectores más tradicionales.

El futuro de los combustibles

Las previsiones de disminución de demanda de combustibles fósiles abren un debate muy interesante sobre el papel de las compañías petrolíferas en los cambios tecnológicos que implica la revolución industrial 4.0. Se espera un descenso significativo de aquí a 2030, tal y como anunció Repsol en el Downstream Day que celebró a comienzos del mes de mayo, al que acudí para saber más sobre cómo las petroleras afrontan estos cambios y las restricciones medioambientales que tienen que afrontar.

A los problemas de los sectores tradicionales en los que operan estas empresas, básicamente petróleo y sus derivados, se une ahora el reto de seguir siendo competitivos en un mundo en el que el uso de combustibles fósiles es cada vez más reducido, tanto por la mayor eficiencia de los motores como por las restricciones legales en cuanto a emisiones y contaminación. La nueva regulación sobre los combustibles marítimos es un buen ejemplo de esto. También la creciente demanda de vehículos eléctricos influye muchísimo en el descenso del consumo de carburantes.

Muchas de estas empresas petrolíferas han decidido embarcarse en la comercialización de luz y gas natural, explorando nuevos sectores. A pesar de este cambio, el gas natural no deja de ser un combustible fósil, con sus propias limitaciones medioambientales. También el sector eléctrico es complejo y altamente competitivo por la masiva presencia de otras compañías, las barreras a la entrada y las restricciones legales por el hecho de ser una utility.

 

¿Y qué están haciendo estas grandes compañías?

Seguramente la estrategia correcta sería adelantarse al futuro. Algo como lo que ha hecho Acciona, que apuesta por el vehículo eléctrico y la movilidad urbana. En octubre de 2018 puso en marcha su servicio de motos eléctricas compartidas. Más recientemente, a mediados del pasado mes de abril desplegó su flota de patinetes eléctricos en Madrid.

Otro ejemplo de cómo las compañías energéticas tradicionales tratan de adaptarse a los cambios en la demanda es Repsol. En julio de 2018 puso en marcha Wible, una joint venture con Kia, para entrar de lleno en el sector de la movilidad urbana y el carsharing.

Sin embargo, muchas de las mayores compañías petrolíferas son percibidas como enormes dinosaurios. Lentos y torpes, con poca capacidad de adaptación. Más preocupados por su beneficio económico que por el bienestar social o el medio ambiente.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Creéis que estas empresas están realmente concienciadas con la ecología o es una estrategia más para seguir siendo rentables? Dejad vuestros comentarios e iremos viendo cómo evoluciona todo esto. ¡Nos leemos!

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